EL ARZOBISPO DIEGO GELMIREZ

Diego Gelmirez

Continuamos nuestro periplo para saber un poco más sobre algunos personajes relevantes en cuanto al Camino de Santiago. Esta semana nos ocupamos de Diego Gelmírez o Diego Xelmírez, primer Arzobispo de Compostela, gran impulsor de las obras de la Catedral, promotor de la “Historia Compostelana o Hechos de Diego Xelmírez” y difusor del “Liber Sancti Iacobi”.

Diego Gelmirez

Historia de Diego Gelmírez

Diego Gelmírez (1068 – 1140), era hijo de Gelmiro, noble al servicio del Obispo Diego Peláez, y señor de las “Torres del Oeste”, una fortaleza construida hacia 1036 para defender Compostela de las incursiones normandas en la localidad pontevedresa de Catoira (actualmente se conservan dos de las siete torres que tenía dicha fortaleza).

Pasó su infancia y adolescencia en Compostela, estudiando en la escuela catedralicia y se cree que completó sus estudios en Francia, donde estrechó lazos de fraternidad con Cluny. Sea como sea, su formación hizo de él un buen ejemplo de hombre de Iglesia a la vez que hombre de Estado, tanto más cuando fue enviado a la corte de Alfonso VI El Bravo para que adquiriese experiencia en los menesteres de gobierno.

De regreso a Compostela, en 1090, fue nombrado canónigo del cabildo catedralicio y Canciller del Conde de Galicia, Raimundo de Borgoña (1070-1107); administrando la diócesis entre 1093 y 1094.

En julio de 1100 fue nombrado Obispo y gracias a su labor, Compostela se convirtió en el centro de mayor importancia para la administración eclesiástica de Galicia, dedicando mucho de su tiempo y energías a impulsar las peregrinaciones. De hecho, tuvo tanto éxito que el aumento de los peregrinos propició la construcción de albergues, hospitales y otros edificios cuyo objetivo era suplir las necesidades de éstos; lo que a su vez produjo un enorme auge e impulso del comercio, la riqueza y prestigio de la ciudad.

En 1101 el Papa Pascual II (1099-1118), cuya relación con Gelmírez era muy buena, declaró la dependencia directa de Santiago respecto de Roma y concedió a la iglesia compostelana el privilegio del “Voto de Santiago”, un impuesto que debían pagar una serie de territorios peninsulares para el sostenimiento del culto al Apóstol y del clero catedralicio, instituido por el rey Ramiro I de Asturias (790- 850) en 844 a raíz de la intervención milagrosa del Apóstol en la mítica y legendaria batalla de Clavijo, La Rioja.

puerta de plateriasEn 1104, el Obispo Gelmírez viajó a Roma, donde consiguió que la Santa Sede otorgara el palio, símbolo de la dignidad arzobispal, a Compostela en 1105; año en el que también se obtuvo la facultad de acuñar moneda. También en 1104 concluyó la obra de la “Puerta de Platerías” (en la foto), decorada con estatuas cuya función, a instancias de Gelmírez, era la enseñanza de los peregrinos que llegaban.

Mención aparte merece la “Historia Compostelana”, una crónica redactada entre 1107 y 1149 que magnifica la figura de Diego Gelmírez y las cosas que éste hizo. La obra se compone de 18 manuscritos organizados en tres libros y un relato sobre León durante los reinados de Alfonso VI el Bravo, Urraca y Alfonso VII el Emperador.

Las relaciones de Diego Gelmírez con el rey Alfonso VI fueron buenas. De hecho, envió sus tropas para ayudar al ejército cristiano derrotado por los almorávides comandados por Alí ibn Yusuf (1083-1143) en la batalla de Uclés, Cuenca, en 1108. En esta batalla falleció Sancho Alfónsez (1093-1108), hijo de Alfonso VI y de la princesa musulmana Zaida (1063-1101). Alfonso VI se quedó sin heredero y falleció al año siguiente, lo que propició que su hija Urraca I de León, la Temeraria, madre de Alfonso VII, heredase el trono.

Se abrió entonces una época turbulenta que duraría hasta 1126 por las pretensiones castellano-leonesas de ocupar el trono de Galicia. Urraca había contraído matrimonio con el rey de Aragón, Alfonso I el Batallador (1073-1134), lo que a su vez, lo convirtió en rey de Castilla en 1109.

Mientras tanto, en Galicia había estallado una revuelta encabezada por el Conde de Traba, Pedro Froilaz (1075-1128), que quería sentar en el trono a Alfonso VII. Sin embargo, Alfonso I no estaba dispuesto a consentirlo y ayudado por una serie de nobles invadió Galicia y arrasó las tierras de Pedro Froilaz, que huyó con su pupilo a León. Urraca, harta de la brutalidad de su esposo, rompió con él y el Papa declaró nulo el matrimonio, aunque posteriormente volvieron a reconciliarse.

Pero Gelmírez no permaneció ocioso durante este tiempo. Viajó a León y se alió con Pedro Froilaz, que había recibido una carta de Urraca en la que le instaba a que con la mayor celeridad proclamase rey de Galicia a su hijo Alfonso VII (en la foto). Cuando Froilaz supo de la reconciliación de Urraca y Alfonso I se sintió traicionado y mandó encerrar a su protegido en el castillo de Santa María de Castrelo. Sin embargo, esto no fue del agrado de ciertos nobles comuneros encabezados por Arias Pérez, que acudieron al castillo con la intención de liberar a Alfonso VII y proclamarlo rey. Allí también estuvo presente Diego Gelmírez para actuar como mediador entre las partes. Todo parecía ir bien hasta fue apresado junto con el infante y la condesa de Traba por los partidarios de Arias Pérez. Gelmírez fue liberado tras dejar a sus hermanos como rehenes y entregar a los sublevados las fortalezas del Oeste y el castillo de la Lanzada.

Ya de regreso en Compostela, Gelmírez comprobó que la situación era caótica debido a la revuelta, pero gracias a su saber hacer consiguió que ambos bandos se entendieran, lo que aumentó su prestigio en gran manera, y fruto de esta labor diplomática, el 17 de septiembre de 1111 el propio Obispo corona rey a Alfonso VII en la seo compostelana. Sin embargo, la reacción de Alfonso I no se hizo esperar y se enfrentó con los ejércitos de Gelmírez y Pedro Froilaz en Viadangos, en las cercanías de León, derrotándolos. No obstante, el Obispo y el Rey Alfonso VII pudieron escapar y regresar a Compostela, donde Gelmírez, gracias a que era co-tutor del rey, disfrutó de una elevada posición. Sin embargo, en abril de 1113 estalló otra revuelta liderada por Arias Pérez, partidario de Alfonso I y aliado de los piratas ingleses. Urraca y Gelmírez pusieron sitio al sublevado en el castillo de Lobeira y éste se rindió. El astuto Gelmírez hizo algo verdaderamente notable, pues con el botín que consiguió liberó a los prisioneros, devolviendo además, sus naves  a los ingleses para que pudieran marcharse.

Pero no acabarían aquí las vicisitudes del Obispo. Los años 1114 a 1116 estuvieron marcados por los altibajos en la relación con Urraca; ya que ésta o bien se empeñaba en tratar de prenderlo o bien se sometía bajo su autoridad y se mostraba amigable. Precisamente durante este periodo Gelmírez solicitó a la Santa Sede que Compostela recibiese la dignidad de arzobispado, consiguiendo, aparte de la negativa papal, una amonestación por las continuadas intromisiones en la diócesis de Braga, a la que con la clara intención de debilitar su poder e influencia, había despojado de los cuerpos de san Fructuoso, San Cucufate, San Silvestre y Santa Susana.

La situación política de Galicia aún estaba lejos de calmarse y las revueltas eran constantes. Gelmírez pasó por situaciones de verdadero apuro de las que logró salir con vida gracias a su ingenio. En una de ellas, murieron uno de sus sobrinos y uno de sus hermanos. Sin embargo, el Obispo consiguió que Urraca y su hijo tomasen la ciudad de Toledo en 1118, arrebatándosela a Alfonso I el Batallador.

En 1120, Gelmírez envió un emisario a Roma solicitando nuevamente la condición de arzobispado para la ciudad de Compostela y esta vez, el Papa Calixto II (1050 -1124), se lo concedió. Esto también trajo la designación del Obispo compostelano como legado pontificio de las diócesis de Braga y Mérida, que las colocaba bajo la dirección de la nueva archidiócesis; cosa que acarreó una serie de conflictos y convocatorias de Concilios de los que salió triunfador Diego Gelmírez, que alcanzó el cenit de su influencia y poder al conseguir que fuesen los peregrinos los que expandieran la fama e importancia de la ciudad gallega donde reposaban los restos del Apóstol Santiago.

No obstante, la inestabilidad seguía siendo la tónica dominante. Teresa de Portugal había tomado la ciudad de Tuy y su ejército fue obligado a retroceder hasta el río Duero gracias a la intervención de Urraca, Alfonso VII y Diego Gelmírez, el cual se apropió de la diócesis de Braga, siendo apresado por Urraca cuando se retiraba a Santiago, so pretexto de investigar los métodos de gobierno utilizados por el prelado gallego. Esto sublevó al pueblo y provocó la intervención directa de Calixto II exigiendo la inmediata puesta en libertad de Gelmírez, como así se hizo, evitando una guerra civil, pero no el enésimo enfrentamiento entre Urraca y su hijo Alfonso porque la reina atacó Galicia, prendiendo además al Conde de Traba. Sin embargo, la cosa no fue a mayores y ambos se reconciliaron por última vez, ya que Urraca falleció el 8 de marzo de 1126, siendo enterrada el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León. Dos días más tarde, Alfonso VII fue coronado rey la Catedral de León, en una ceremonia en la que estuvo presente Diego Gelmírez, manifestando así su apoyo al monarca; si bien la relación entre ambos estuvo salpicada de altibajos y tiranteces varias.

En 1129, los adversarios del Arzobispo compostelano trataron de influenciar al rey para que, a cambio de una importante suma de dinero, lo destituyera. Enterada la Santa Sede, envió un legado que no autorizó tal cosa. Es importante reseñar en este punto, que la Iglesia católica vivía tiempos de cisma por aquella época ya que Inocencio II (¿ – 1143) y Anacleto II (1090 – 1138) se disputaban el trono papal. Ambos pretendientes escribieron sendas misivas a Gelmírez en las que se le prometía que a cambio de su su apoyo, se le nombraría primado de España. Gelmírez no contestó pero dejó ver que apoyaba más a Anacleto II, aunque cambió de parecer en 1131, cuando Inocencio II fue reconocido por los Obispos de Castilla, Aragón, Francia e Inglaterra.

En 1136 Gelmírez sufrió un atentado del que logró salir con vida, si bien la enfermedad ya no le abandonaría hasta su muerte, acaecida en Santiago de Compostela en 1140. Se desconoce dónde están depositados sus restos.

La relevancia de Diego Gelmírez es crucial en la conformación de lo que fue y es Santiago de Compostela. Fue “hijo de su tumultuoso tiempo”, no cabe la menor duda, y consagró su azarosa vida a aumentar el prestigio, poder, influencia y riqueza de la ciudad en la que reposan los restos de uno de los Apóstoles preferidos de Jesús; aunque para ello tuviese que cometer acciones, desde el punto de vista de la ética y moral cristianas, dudosas.

Feliz semana amig@s y una pregunta para vuestra reflexión: ¿Creéis que Diego Gelmírez aprobaría el dicho “el fin justifica los medios”? BUEN CAMINO para tod@s y nos vemos dentro de siete días.

 

 

Para saber mucho más:

Alberto Solana

Entrevista a Jaime Olías en la serie “El Final del Camino”

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